lunes, 23 de noviembre de 2015



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Tradicionalmente se le ha brindado a la escuela el papel de educar y forjar la sociedad del futuro, para dicha tarea es necesaria la existencia de una institucionalidad con un modelo definido y unos profesores dispuestos a ejercer tan complicada labor, con lo cual deben prepararse en unos conocimientos tanto disciplinares como pedagógicos para así poder llevar a cabo la función de formar una nueva sociedad en todos los aspectos: ciencia, convivencia, valores, cultura, ciudadanía, etc. Lo anterior es lo que usual y tradicionalmente se ha propuesto la escuela, pero ¿qué pasaría si la educación y el aprendizaje se llevan a cabo en una temporalidad distinta? ¿en un espacio diferente? ¿si las personas que aportan el conocimiento no son necesariamente profesores? ¿si ya no es necesario acudir a un aula de clases o pagar una mensualidad para poder adquirir conocimientos?
Frente al cambio constante en el cual se encuentra inmersa la sociedad, y más en los tiempos de hoy en donde el boom de las nuevas tecnologías se hace evidente, deben plantearse en todos las esferas sociales cambios estructurales en sus esquemas y formas de acción, reconfigurando sus modelos acorde con las nuevas necesidades y posibilidades que generan y ofrecen las creaciones e innovaciones tecnológicas y comunicativas. El problema fundamental en la escuela de hoy es que se niega a actualizarse a la par de los cambios sociales forjados cada vez más por los avances tecnológicos que reconfiguran las identidades, la cultura y sobre todo la sociedad ¿cómo puede un modelo tan rústico de educación sobrevivir ante semejante panorama?  

Comparto un video hecho con una compañera para el espacio académico de Medios y nuevas tecnologías comunicacionales y su relación con la escuela

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